Es un niño de casi dos años. Nunca hemos hablado de lo que es extrañar a alguien, pero ya lo sabe. Algo le falta. A las 06:10 lo primero que hace es preguntar por su padre. Se queda mirándome y luego repite "Papá en Quebro". Se lo he dicho ayer y antier, pero me dice "no". Yo también lo extraño, pero ya vas a ver cuando llegue, todo entusiasmado y con lodo hasta la barba. Y así, todo felíz, como salmón contracorriente, Tony, Señor Tony, tu papá, papito, Papá... seguro que te abraza y tus mañanas vuelven a ser como antes.
Andrés comienza a jugar con todo lo que ve a su alrededor. Busca cosas nuevas a cada momento. En una tablilla que está a su alcance hay un carné de identificación. Lo mira y luego me mira, se acerca y me muestra: "Papá". Parece que supiera que aunque no esté, existe y en cualquier momento alguien dirá con una voz conocida "Arghhh, aquí viene el monstruoooo..." y Andrés tiene preparada su risa emocionada para ese momento. Deja el carné en el piso y va por una pelotita de fútbol. Trata de jugar conmigo y se da cuenta que no es lo mismo. Decide abrazarme, aprovechando que estoy en el piso, a su nivel. Una hormiga nos distrae. Hay que seguirla para ver a dónde va. Luego una planta, una flor, los pajaritos, el avión... ahhhhh (bostezo).
A todos nos cuesta desprendernos. Nos apegamos a nuestras seguridades y cuando nos damos cuenta que no siempre están ahí, de alguna manera estamos molestos, como Andrés. Aprender a desprendernos... es parte del secreto.
domingo, julio 16, 2006
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario