lunes, febrero 09, 2009

Acto de Conversión

Para que sus hijos creyeran en lo que hacía
les obligó a meterse en sus sueños,
allí les invitó a cruzar la frontera de lo posible.

Los tomó uno a uno de la mano
y les hizo dibujar mariposas hasta la noche.
Nunca tuvo tanta suerte
como cuando esas mismas mariposas
salieron volando a la mañana siguiente.

Por eso les dio de beber naranjas recién cortadas,
festejó que todos los gallos le hicieran el amor a sus mujeres,
hizo amanecer más temprano al pan,
y llamó a todos los granos de café
a su pequeño molino de viento, donde los gigantes morían
con sólo convocar a lo imposible.

Después de pasar dos noches enteras contando estrellas,
acumularon suficientes para ser felices en la oscuridad de las torres de cien metros,
y por eso; aunque llevaban las ropas manchadas de arcilla,
sus rostros iban más limpios que de costumbre,
sus miradas iban más serenas
entre las multitudes que frecuentan los supermercados en oferta,
y en cada florecita silvestre, encontraron una verdadera razón para respirar.

El agua ya no volvió a ser un mar saturado en desastres,
sino vuelo de pájaro hecho camino para hacer dudar al calor
de que existe.

Todas sus preguntas fueron disipadas
y el padre volvió a convertirse
en un dios que mutila silencios
cargados de estática y repetición.

Nunca más oyeron de sus bocas
el condenatorio de la alegría,
ni creyeron en otro cielo que no defendiera
la libertad.




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